Mostrando entradas con la etiqueta relaciones de pareja. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relaciones de pareja. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de marzo de 2016

APRENDER A HABLAR PARA CONSEGUIR RELACIONES DE ÉXITO

HABLAR PARA CONSTRUIR

No es ningún descubrimiento que las relaciones entre las personas se construyen a través de palabras, conversaciones, sin embargo nos sumergimos en cierta desesperanza cuando en los equipos directivos de las empresas o en las relaciones de pareja surgen desavenencias o malentendidos en los procesos de decisión.
Es habitual en todo proceso de trabajo o convivencia la aparición de procesos afectivos que acontecen de forma inconsciente, es decir, no son percibidos por nosotros y, no obstante, afectan a la comunicación y al progreso de la relación. En este sentido, el Psicoanálisis se ha convertido en una herramienta fundamental para el manejo y el desarrollo de estas relaciones porque es la única teoría que da cuenta del funcionamiento de nuestro aparato psíquico.
Es a comienzos del siglo XX cuando un científico llamado Sigmund Freud desarrolla en Viena la Teoría del Inconsciente y un método que permite interpretar los procesos inconscientes que se desarrollan en la mente para producir la inteligencia, la locura o el arte. Freud descubre que este tipo de procesos tienen que ver con nuestro desarrollo psicosexual infantil y se desarrollan en todas las personas a lo largo de su vida, cada vez que nos encontramos con otro ser humano, ya sea en nuestra vida íntima, social o laboral, se producen en nosotros de forma inconsciente determinando el cariz de esa relación.
Cuando observamos que en un equipo de trabajo, en una relación amistosa o en una relación amorosa surgen obstáculos en la comunicación, cuando hay falta de entendimiento, emociones descontroladas, hemos de atender a la existencia de “otros factores” que hasta ahora no se habían tenido en cuenta. El descubrimiento de que el adulto actualiza emociones infantiles y las despliega con la pareja, el jefe o el compañero de trabajo, ha permitido a los psicoanalistas poder ayudar de forma efectiva a resolver problemas demasiado frecuentes y no por ello menos nefastos. Cuántas veces hemos visto fracasar un proyecto empresarial por conflictos entre los directivos, cuántas veces una pareja que se ama se separa porque no sabe entender y hacerse entender.
Nuestra experiencia de más de 40 años estudiando y desarrollando la teoría psicoanalítica nos ha permitido ayudar a las empresas y a las personas a poder entender lo que les está pasando, aceptando que los sentimientos nos engañan y corresponden a ciertos recuerdos, ciertas vivencias pasadas, pero que son ineficaces en la situación actual. Hablar no sólo es el intercambio de información o la expresión de nuestras opiniones y criterios, hablar es la expresión de nuestra verdadera forma de pensar, aunque generalmente no nos damos cuenta de lo que decimos cuando hablamos.
Hasta el momento actual, el método psicoanalítico se ha mostrado el método más eficaz para potenciar la comunicación entre las personas, fomentando el desarrollo de relaciones más sólidas y duraderas. Sabemos que todo se aprende, también podemos aprender a conocernos a nosotros mismos para poder hacernos entender. El conflicto o la pelea con los demás es la manifestación de la inestabilidad afectiva que la otra persona ha puesto de manifiesto en ti. Si quieres tener éxito en tu vida personal y laboral, el método psicoanalítico es la mejor herramienta para conseguirlo.


Helena Trujillo
Psicoanalista Grupo Cero - Coach empresarial – Terapeuta de Parejas

www.htpsicoanalisis.com

jueves, 25 de abril de 2013

PSICOANÁLISIS DE LA VIOLENCIA FAMILIAR. MALTRATO.


ALGUNOS APUNTES SOBRE LA VIOLENCIA FAMILIAR

Estamos muy acostumbrados a oír hablar de violencia de género o violencia machista. Dicha acepción nos lleva a pensar que los hombres tienen una aversión hacia las mujeres y ello motiva la agresión. Vamos a utilizar el término violencia familiar porque señala la relación existente entre los implicados en la agresión. No es cualquier hombre el que ejerce el maltrato sobre cualquier mujer, sino que es el marido, novio, exmarido, exnovio, es decir, un hombre que ha mantenido (o mantiene) una relación amorosa con la víctima, una relación familiar, el implicado en el maltrato.  
Cuando hablamos de violencia, está claro que es mucho más que dar golpes, hay muchas formas de herir a otra persona. Por violencia familiar nos referimos a la ejercida sobre los mayores, cónyuges, hijos, mujeres, hombres, discapacitados, etc. Aunque quisiéramos, es difícil precisar un esquema típico familiar, porque ocurre en todas las clases sociales, culturas y edades.
La idea común es que la familia o la pareja son los lugares en los cuales más seguros nos encontramos, sin embargo en ellos es donde se producen más abusos a la integridad física y psíquica de las personas. Está claro que tenemos que empezar a cuidarnos de las relaciones más próximas. Ciertos comportamientos que pasan inadvertidos, pueden ser considerados una conducta abusiva o violenta. Cuántos utilizan la excusa de “la educación”, “el carácter”, “la impaciencia”, “no es malo”, “está cansado” para ejercer la fuerza sobre otros más débiles.
Son varios los factores que intervienen en una situación de maltrato, entre ellos encontramos los celos,  muchas agresiones se desencadenan por el sentimiento de propiedad que muchos hombres tienen hacia sus parejas. Muchos hombres que piensan que la mujer con la que están casados, o con la que conviven, es suya, les pertenece, igual que si fuera un objeto. Y la situación es aún más grave, ya que también hay muchas mujeres hoy día que siguen pensando que pertenecen a sus maridos.
Estos celos tienen mucho que ver con una concepción del amor que sigue imperando. El amor de la media naranja, el amor de para toda la vida, el amor posesivo. Esa concepción que nada tiene que ver con la libertad y la tolerancia, un amor que vemos reflejado en las películas, genera situaciones donde las personas no toleran separarse de la otra persona y son capaces, en su desesperación, de aniquilar al otro con tal de no perderlo.
Mucho tiene que ver, también, la posición que adopte la mujer en el amor, históricamente la mujer ha sido un objeto de intercambio, no elegía a su pareja, no era el amor el que comandaba, si no que eran matrimonios de conveniencia. Luego vendría el amor cortés, donde el varón cortejaba y elegía a la dama, adoptando esta una actitud totalmente pasiva. Esta pasividad de la mujer favorece actitudes abusivas por partes del hombre, ya que se da primacía al deseo de éste por el encima del deseo de su partenaire.
El machismo también tiene su implicación en todo esto, pero no es el responsable. Una actitud machista es aquella que discrimina a la mujer, la menosprecia, o la considera inferior al hombre, pero también hay machismo en otras actitudes disfrazadas de proteccionismo. El horror a lo femenino, el desprecio a la mujer, tanto para el hombre como para la mujer, estaría en relación con la falta de “pene”, en tanto esto le recuerda al sujeto su propia castración, su mortalidad. El machismo es la vigencia de la sexualidad infantil en el adulto, se trate de un hombre machista o de una mujer machista. Todos padecemos en cierta medida de machismo inconsciente, hombres y mujeres, por lo que no es por machismo que se produce el maltrato. No es que el hombre maltrate a su pareja por ser una mujer, es que la maltrata porque es su mujer, su propiedad, y no acepta el abandono o el desamor.
Es relativamente fácil abusar de los débiles, renunciar a ello supone un paso en la civilización que no todos somos capaces de dar. Ser tolerantes, permitir la libertad, respetar, aprender a separarse son elementos necesarios para alejarnos del maltrato y el abuso. La violencia parece ser un camino para conseguir poder, pero un camino infructuoso para la convivencia, el amor, la educación y el respeto. El que agrede, no sólo agrede a otra persona, se lesiona a sí mismo.

martes, 30 de agosto de 2011

¿Cómo afronto una separación?


ESTÁ TODO PERDIDO
Su cabeza gacha no anuncia nada bueno, tiene los ánimos por los suelos. Comenzamos a conversar, evita por todos los medios que las lágrimas acudan a sus ojos, pero no es fácil. Siente que su vida, tal y como la había planteado, se ha venido abajo. La única salida que ve posible es la separación, pero no es ningún alivio para su mal. La familia que ha construido en los últimos 9 años se esfuma. Ella se queda con los hijos, la casa y el dinero. Él, según sus palabras, se queda con una mano delante y otra detrás. Cierra las puertas a todo futuro esperanzador, con esa perspectiva, ni ganas le quedan de volver a emprender nuevos proyectos.
Su impotencia es mayúscula, hablar con ella es imposible, siempre acababan en discusión. El paso de los años les ha alejado de manera tal, que hoy son como dos desconocidos que comparten un mismo domicilio y el apellido de sus hijos. Ella le niega su papel frente a los hijos, se ocupa de todas las tareas, de las reglas y no cuenta con él. Ha intentado mil veces cambiar esta situación, sin embargo nada puede hacer frente a su hermetismo. O conmigo o contra mí, parece que reza el lema que dirige la vida de su esposa. Convivir se ha hecho insostenible. Se siente un pelele y ya no puede soportar más el silencio. Un grito sordo se dibuja en su rostro mientras conversamos. ¿Qué hago? Parece decirme con sus ojos.
Ya  intentaron la terapia de pareja, que ambos se implicaran en un cambio de rumbo y su vida de pareja fuera diferente, pero dos no son felices si uno no quiere. Ella no quiso, ha centrado su deseo en sus hijos y se ha olvidado del hombre con el que había decidido compartir su vida. Su suficiencia es tal que ni en la cama muestra deseos hacia ese hombre que lo ha dado todo por esa relación.  ¿Cómo se ha llegado a esto?
Las relaciones de pareja no traen un libro de instrucciones. Nadie sabe cómo van a ir las cosas, qué pasará cuando se inicie la convivencia, cuando nazcan los hijos, nos seguiremos deseando en el transcurso del tiempo… A todos nos gustaría tener respuestas para estos interrogantes. Pagaríamos lo que hiciera falta si alguien nos diese las claves de la felicidad. Qué no daría él para acceder al corazón de su mujer y volver a ilusionarla como antes.
Ahora lo da todo por perdido y se entrega, sin más, a la marea negra de su tristeza. Renuncia a vivir. En su melancolía, no es capaz de defender sus propios derechos como padre, como hombre que tiene que rehacer su vida y optar de nuevo al amor. En nuestra conversación está la posibilidad de agarrarse a una esperanza o dejarse caer definitivamente. Nadie llega gustoso a una separación, es duro, algo se pierde siempre, pero la vida sigue adelante y se puede afrontar de modo que se nos abran las puertas de una nueva vida. En este momento, soy la mano que puede darle las fuerzas que ahora no tiene, las palabras que no sabe pronunciar, la luz en medio del túnel de los sentimientos. Ahora le toca decidir entre su soledad o el mundo. Aquí le espero.

Helena Trujillo
Psicoanalista – Asesora de Parejas