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sábado, 25 de septiembre de 2010

Vídeo de la Charla sobre El sentimiento de culpa





EL SENTIMIENTO DE CULPA
MÁLAGA, 24 DE SEPTIEMBRE DE 2010
Psicoanalista Helena Trujillo

lunes, 5 de julio de 2010

Preguntas frecuentes sobre la terapia de pareja


¿QUÉ ES LA TERAPIA DE PAREJA?

La terapia de pareja ayuda a las parejas –casadas o no—a entender y resolver conflictos o a mejorar las relaciones.  Proporciona las herramientas necesarias para potenciar la comunicación,  utiliza técnicas para la resolución de conflictos.

¿ES EFICAZ LA TERAPIA DE PAREJA?

La técnica psicoanalítica es MUY EFICAZ en la resolución de los problemas más habituales de las parejas: insatisfacción sexual, celos, infidelidad, eyaculación precoz, impotencia, depresión post-parto, falta de deseo, conflictos conyugales, disparidad en la educación de los hijos, aburrimiento, falta de comunicación, distanciamiento sentimental, etc.

Las estadísticas indican que la gran mayoría de las parejas que acuden a terapia, alrededor de un 75%, han obtenido una mejora en su convivencia. Cuando se acude al terapeuta sin ganas, solamente para que no diga nadie que no se ha probado todo, la efectividad es mucho menor.

¿CUÁNDO ACUDIR A TERAPIA DE PAREJA?

Existen signos más o menos evidentes que pueden ayudarnos a la hora de decidir realizar una primera consulta. El primer indicio tiene que ver con el malestar de uno o ambos miembros de la pareja. Y existe una larga lista de posibles detonantes del malestar que pueden ir desde  situaciones de conflicto permanente, discusiones frecuentes, infidelidades, problemas económicos, dificultades sexuales, desavenencias con la familia política, problemas de salud, adicciones, hasta cualquier evento que cambie de alguna forma la dinámica familiar o de pareja. 

La terapia de pareja fracasa si no hay compromiso por parte de la pareja. No hay que esperar al último momento para consultar y hay que darle un tiempo a la terapia para que vaya generando los cambios necesarios. La confianza en el terapeuta es fundamental, así como mantener una comunicación fluida de todas las dudas que puedan surgir en el transcurso del tratamiento.

¿CÓMO FUNCIONA?
La terapia se estructura en sesiones de 1 hora si se hacen sesiones conjuntas o sesiones de 30 minutos si se desarrolla en sesiones individuales. Puede establecerse una frecuencia semanal, aunque es importante valorar el caso por si es preciso establecer una mayor frecuencia. A lo largo de las entrevistas la pareja trabajará sobre aquellos aspectos de su imaginario que intervienen en su relación interpersonal.

¿CUÁNTO DURA LA TERAPIA?

La duración de cualquier terapia depende, en primer lugar, del problema que se presente, pero sobre todo de los pacientes y no del terapeuta. Va a estar en manos de su actitud, del cariño que se tengan y de la motivación y confianza que tengan ambos en la terapia. Es conveniente dar unos meses para que el tratamiento produzca efectos duraderos en las personas porque los cambios no se producen de la noche al día, aunque desde las primeras entrevistas se observan cambios sustanciales en la actitud y el estado de ánimo de la pareja.

¿MI PAREJA NO QUIERE ACUDIR A TERAPIA, PUEDO IR SOLA/O?
A menudo  uno de los componentes de la pareja no quiere acudir a terapia. Por ello es habitual que gran parte de las terapias de pareja deriven de una primera consulta individual con el terapeuta. Al mismo tiempo, es bueno saber que en ocasiones una terapia individual continua puede repercutir positivamente en el buen desarrollo de una relación de pareja.    
¿QUÉ AFECTA A LAS RELACIONES DE PAREJA?

La personas que acuden a terapia buscan básicamente resolver una crisis puntual, solucionar problemas arrastrados desde hace años, ayuda en momentos difíciles, consejo para tomar decisiones importantes o simplemente mejorar la relación y crecer juntos. Problemas de comunicación, infidelidad, celos o falta de deseo suelen ser los motivos de consulta más frecuentes.

No hay que olvidar que los cambios afectan mucho a las relaciones de pareja: Nacimiento de los hijos, jubilación, enfermedades, reincorporación al trabajo, abandono del trabajo, relaciones con los suegros y la familia de tu pareja, decisiones importantes, etc.





Si su relación de pareja no funciona, puede consultarme y le orientaré sin compromiso.
Telf. 952 39 21 65 - info@htpsicoanalisis.com 

domingo, 27 de junio de 2010

Impotencia sexual

Ya les gustaría a muchos que existiera la "píldora de la felicidad". Algunos creyeron encontrarla en el fármaco Viagra que se presentaba como la panacea para la impotencia sexual. Sin embargo, años después y, pese a su uso extendido y el desarrollo de fármacos de similares características, la impotencia sigue siendo un agujero negro en el que muchos podemos vernos inmersos en algún momento de nuestra vida.
Lo reconoce Freud en el texto "Sobre una degradación general de la vida erótica" en el año 1912, la impotencia psíquica es la enfermedad para cuyo remedio se acude a la consulta del psicoanalista con más frecuencia. No existe persona alguna que no haya atravesado por un momento de impotencia o frigidez. Esto nos ha de llevar a considerar que cuando hablamos de impotencia no debemos pensar todo el tiempo en un pene erecto o flácido, sino en situaciones diversas en las cuales el sujeto, masculino o femenino, no alcanza el éxito cuando éste es esperado.
Preguntarnos acerca de una sexualidad normal, resulta inquietante, es muy difícil decir qué es normal y qué no lo es. Para Freud, lo normal de la sexualidad está muy lejos de constituir una norma. La impotencia y la frigidez, en sus diferentes maneras de mostrarse, son trastornos muy comunes y extendidos que acompañan a la vida erótica corriente. Lejos de lo que podría pensarse, la liberación de las costumbres no ha servido para modificar la frecuencia de estos trastornos. Lo que indica que liberar las costumbres no significa liberar el deseo.
La función sexual se halla sometida a muy diversas perturbaciones, que en su mayoría presentan el carácter de simples inhibiciones. Los síntomas principales de la inhibición del hombre son: 1º. Displacer psíquico; 2º. falta de erección; 3º. eyaculación precoz 4º. falta de eyaculación; 5º. falta de la sensación de placer del orgasmo. Algunas inhibiciones son evidentemente renuncias a la función a causa de que durante su realización surgiría angustia.
Las relaciones sexuales no son más que una de las múltiples expresiones de la vida del sujeto, una alteración de las mismas apunta a una manera patológica de relacionarse con el mundo. La pulsión sexual no tiene como fin original la reproducción, sino la consecución de placer, por ello la conducta sexual de una persona constituye el prototipo de todas sus demás reacciones. Un impotente en sus relaciones sexuales será probablemente impotente para otras actividades, por ejemplo escribir, hablar en público, etc.
Si nos manejamos en el terreno de la genitalidad, se clasifica como víctima de impotencia o disfunción eréctil a todo hombre que no tiene una erección lo suficientemente rígida para permitir la penetración, así como a aquellos que la pierden ante un cambio de postura o poco después de la penetración. Esto le sucede, según los datos, hasta el 20% de los varones en los países desarrollados, de los cuales menos del 10% acuden al especialista para seguir un tratamiento. Lo que caracteriza a la impotencia es una carencia de erección, pero otra forma de impotencia es la desafectivización de los objetos amorosos.
Freud ya destacaba en 1913 la importancia de establecer un diagnóstico diferencial para discernir la participación del elemento orgánico frente al neurótico, sin embargo aún hoy en día no está muy claro, para la mayoría de los profesionales de la salud, qué es la impotencia psíquica, aquella en la que no existe ninguna alteración orgánica responsable. Estrés, cansancio, exceso de trabajo, complejo de inferioridad, depresión, ansiedad, sentimiento de culpa, son los términos habituales que se manejan, pero se quedan cortos para explicar y resolver esta sintomatología. No entraremos aquí en las distintas patologías médicas, ya sean vasculares, neurológicas, hormonales o urológicas, que pueden ocasionar disfunción eréctil. Nos ocuparemos de aquellas otras situaciones en las que el organismo, pese a estar en condiciones adecuadas, no responde con éxito y satisfacción.
Es curioso que esta perturbación ataque precisamente a individuos de naturaleza intensamente libidinosa. A pesar de existir deseo a realizar el acto, el órgano no responde. El fallo no se produce, en la mayoría de los casos, sino con una persona determinada y nunca con otras. En el hombre no han llegado a fundirse las dos corrientes cuya confluencia asegura una conducta erótica plenamente normal: la corriente "cariñosa" y la corriente "sensual". El hombre muestra apasionada inclinación hacia mujeres que le inspiran un alto respeto, pero que no le incitan deseo sexual, y, en cambio, sólo es potente con otras mujeres a las que no ama, estima en poco o incluso desprecia. La inhibición de su potencia viril depende, según esto, de alguna cualidad del objeto sexual. El amor, en ellos, está centrado no en la mujer, sino en la madre. Por ello no pueden hacer el amor con la mujer que aman porque es su madre, mientras que pueden hacer el amor con una mujer a condición de que sea una mujer degradada. En la medida que sea totalmente opuesta a la madre, es que puede subordinarla.
Estos factores que motivan la impotencia psíquica se pueden encontrar en la mayoría de los hombres. En los conflictos neuróticos nos encontramos con el peso de los deseos sexuales infantiles. El pasaje del autoerotismo al amor de objeto, y a la sexualidad normal, requiere la fusión de estas dos corrientes, que por estar sobredeterminada por lo inconsciente, será siempre fallida, insuficiente, errónea. No hay que olvidar que el objeto sexual no es sino un subrogado del objeto primitivo y ninguno de los subrogados satisface por completo. El camino de la elección de objeto le ha conducido desde la imagen de su madre, y quizá también desde la de su hermana, a su objeto actual. Huyendo de todo pensamiento o intención incestuosos, ha transferido su amor, o sus preferencias, desde las dos personas amadas en su infancia, a una persona extraña formada a imagen de las mismas.

(Continuará)

miércoles, 5 de mayo de 2010

No hablamos de nuestros problemas


Muchas veces la convivencia acaba siendo un pulso, a ver quién puede más. Hay muchas parejas que se dan cuenta demasiado tarde de que nunca han hablado de sus problemas, han tenido miedo a comunicar lo que les sentaba mal, se han tragado  sus enfados y han seguido como si nada. Cuando pasan los años, los enfados, los sacrificios, acaban por hacernos explotar. ¡YA NO AGUANTO MÁS! Lo que parecía una pareja modélica se ha transformado en una realidad que se ha ido forjando paso a paso, dos personas que no se soportan.

¿Qué hacer para que esto no ocurra? ¿Cómo prevenir la incomunicación? ¿Cómo no se un extraño para mi pareja? En primer lugar, no hay que dar la espalda a los problemas. Convivir no es nada fácil, supone aceptar dos modos diferentes de pensar y de vivir, supone darle al otro el espacio necesario para que se desarrolle como persona y eso, generalmente, no lo hacemos. Creemos que convivir es hacer las cosas de una manera, por tanto uno ha de imponerse al otro. A medio o largo plazo este modelo fracasa completamente porque dos personas piensan de dos formas diferentes, por tanto, hay que compaginar ambos modos de vivir, hacerlos compatibles, que cada uno tenga su espacio y que cada uno respete las necesidades del otro. Si partimos de esa base, queremos convivir, acepto un espacio para el desarrollo del otro, entiendo que no vivo solo/a y respeto a mi compañero/a, aprendemos a llevar una vida nueva sin una madre que aguanta todos nuestros defectos, habremos dado el primer paso para el éxito de la convivencia. 

Por otro lado, la incomunicación es uno de los mayores peligros, acaba minando sin solución la vida en pareja. Si tenemos miedo a hablar, si no nos atrevemos a decir lo que pensamos, si siempre digo que sí o siempre digo que no, habremos establecido una relación patológica desde un comienzo. El principal sustento de las relaciones ha de estar en el lenguaje, en poder mostrarnos al otro con sinceridad, en convivir con alguien que nos escucha, nos entiende, nos respeta. No quiere decir que siempre estemos de acuerdo, pero no le engaño, no le hago pensar que estoy de acuerdo cuando no es así. Si empezamos a sacrificar nuestros gustos, si siempre le digo que sí, al final acabaré totalmente insatisfecho/a, harto/a, deseando escapar de esa persona que nos asfixia o nos domina. Si desde un principio el otro me conoce tal y como soy, si tomo mis decisiones y mantengo mi libertad como persona, no le haré responsable de mi insatisfacción. La convivencia en pareja es compartir mi vida con otra persona, no vivir una vida partida por la mitad. 

Tomando unas interesantes palabras de un coloquio con el Dr. Miguel Oscar Menassa, no se necesita amar para ser feliz, el amor a veces no hace feliz, a veces el amor hace muy desgraciadas a las personas. Si no se goza no se ama bien, si no se es feliz no se ama bien. En realidad, estar enamorado es el grado de esclavitud máximo, no existe un grado de esclavitud, ni entre los antiguos esclavos, que sea tan grande como el enamoramiento. Una definición del amor es darle lo que no tengo a quien no soy. El amor es libertario, si yo la amo a ella, lo único que ambiciono es su felicidad. No me importa si es conmigo o con Dios, no me importa, me importa que sea feliz, eso es el amor. Poder separarse y encontrarse con el otro es la forma más bonita del amor, no tener miedo, no tener paranoia de separarme porque me voy a volver a encontrar, esa felicidad del encontrarse.

En realidad, a todos nos convendría aprender a amar, porque el hecho de tener pareja no quiere decir que uno sepa amar adecuadamente al otro.

Helena Trujillo, psicoanalista
(Continuará)




viernes, 30 de abril de 2010

Aburrimiento sexual


Muchas parejas caen presas, con el paso del tiempo, en la desidia sexual, se pierde el deseo y comienza el aburrimiento.  Muchos hombres comienzan a fantasear con infidelidades y muchas mujeres adoptan una postura fría y distante, lejos de la pasión inicial en la que comenzó la relación.

Este aburrimiento es producido, entre otras cosas, por ciertos comportamientos muy habituales en las parejas. La tendencia al trato familiar, a la plena confianza, a hacerlo todo juntos, a estrechar lazos hasta el punto de que más que amantes parecen hermanos, desemboca en este distanciamiento sexual con el paso del tiempo. No hay que olvidar tampoco, que nuestra educación sexual está encaminada, fundamentalmente, al establecimiento de relaciones duraderas que tengan como función el establecimiento en familias.

Nos enseñan qué debemos y qué no debemos hacer para lograr dicho fin. “No se lo des todo”, “no dejes que haga lo que le dé la gana”, “si sale con los amigos es que no le interesas”, etc. Esto me recuerda mucho a la película Qué les pasa a los hombres en la que algunos de sus personajes no daban pie con bola debido a los prejuicios existentes en torno a las relaciones sentimentales.

Muchos han llegado a pensar que una canita al aire de vez en cuando es la solución para darle esa chispa que le falta a la pareja, otros llegan incluso más allá, acudiendo a locales de intercambio de parejas o a posturas sexuales imposibles con tal de reavivar la pasión. Pero nada de nada.

El aburrimiento sexual no se cura de esta forma ni tampoco cambiando de pareja, porque con el tiempo pasará lo mismo. Cuando me consultan con este motivo de consulta lo tengo muy claro, les recomiendo mantener durante un tiempo unas entrevistas con un psicoanalista. Si acuden ambos miembros de la pareja indica que están dispuestos a continuar con la relación y van a tomar las medidas oportunas para que su llama no se apague. En el caso de que acuda uno sólo de los miembros de la pareja, podemos entrever, en muchos casos, que tomará su propio camino. De lo que estoy segura, es de que tras un tiempo de psicoanálisis no volverá a repetir los mismos errores y transformará las ideas sobre las relaciones de pareja que le llevaron a ese decaimiento.

Las relaciones de pareja no son fáciles, pero no por ello tienen que ser insatisfactorias o imposibles. Se trata de que aprendamos a estar en pareja cuidando el deseo, aprendiendo a conversar, estableciendo relaciones más abiertas y flexibles. La solución no es una mujer más atractiva que pase a su lado, túmbese en el diván y verá cómo reaviva las llamas de su pasión.