lunes, 8 de noviembre de 2010

La soledad no es estar solo


LA SOLEDAD NO ES ESTAR SOLO
Para un hombre culto la soledad no existe o cuando existe es vicio o altura,
 nunca sufrimiento, nunca espera de nada.
Miguel Oscar Menassa

Cuántas veces habremos oído la frase: “tengo miedo a estar solo”. No cabe duda de que somos seres sociales y necesitamos de los demás para constituirnos a nosotros mismos, no sólo para cubrir nuestras necesidades de afecto y desarrollo personal, sino también para afianzar nuestra autoestima. Este miedo a la soledad parte de nuestra dependencia infantil, nos sumimos en el temor a ser abandonados hasta que constituimos la presencia del otro en su ausencia. Las personas no sólo existen cuando están, también cuando no están. El gran problema de muchas personas es que se sienten solos porque aniquilan al otro en su fantasía. Decir “estoy solo” es como decir nadie existe y esa negación es la que nos enferma.
Una vez que el ser humano se da cuenta de su finitud, de que su existencia está encaminada a este acontecimiento, nace la preocupación por el ser. Es la muerte la que le va a dar verdadero valor a la vida. Son los límites los que nos permiten vivir de una forma saludable. Cuando entendemos que las relaciones también han de tener sus límites amamos con más libertad, pero no todos somos capaces de aceptarlo. Todas las relaciones de extrema dependencia son relaciones condenadas al fracaso y a la agresividad. Cuando entiendo que el otro es una posesión soy capaz de encerrarlo con tal de no perderlo, ahí no hay amor. El amor es amor a un objeto, hace del otro un objeto, con lo cual entra en juego el régimen de propiedad, hace individualistas, mientras que el deseo no desea objetos sino que desea deseos, hace sujetos deseantes, sujetos que saben que la soledad no existe, o se vive entre otros o se vive entre fantasmas.
Este temor no es nada nuevo, pero es cierto que las sociedades modernas, a pesar de los avances técnicos, fomentan el aislamiento y falta de comunicación. Nos han educado en el consumismo sin límites, pero no nos han enseñado a relacionarnos con otras personas. Nadie nos dijo que comprometerse con otros es lo que genera autoestima y bienestar, que elegir nuestros compromisos es el mayor grado de libertad. Somos caldo de cultivo para el egoísmo y la envidia. Amamos al otro para utilizarlo en la satisfacción de nuestras necesidades, para no estar solos, pero no hemos aprendido a conocer al otro en su verdadera dimensión. Cuando amamos por necesidad es cuando vivimos con miedo a ser abandonados. Podríamos preguntarnos por qué tantas parejas que ya no se aman y aún así siguen viviendo juntos. Es clara la respuesta, por miedo a la soledad. No saber arreglárselas con la propia soledad se convierte en un problema para vivir, acabas viviendo con cualquiera.
En muchas ocasiones hay un temor previo, el temor a arriesgarse, a dar y no recibir, tememos equivocarnos y por ese motivo no emprendemos nuevos proyectos y relaciones. Pero como dice el poeta Miguel Oscar Menassa “En las relaciones intersubjetivas, lo único que se arriesga es un poco de seguridad y un poco de dinero; el resto, ganancia, todo humano”. Hay que arriesgarse a ganar. Las relaciones sociales no se buscan, se encuentran en el camino del trabajo, de las aficiones, de los compromisos. Cuando alguien que se siente solo me pregunta cómo puede hacer amigos siempre le digo que los amigos se encuentran indirectamente: “Apúntate a algún curso, practica el deporte que te gusta, sal al mundo y ahí producirás relaciones. Hay que repetir el acto para encontrar a personas que también tengan esa afición”. No hay edad para las relaciones sociales, seamos jóvenes o mayores todos necesitamos de otras personas para sentirnos vivos y si algo te impide estar con otros, acércate a ellos a través de los libros, la televisión, el teléfono, internet.
También están esas otras personas que lloran por las esquinas porque se sienten solos, ¿no será que no saben amar? Hay que aprender a amarse para luego amar a los otros. El sentimiento de soledad está relacionado con el aislamiento, la noción de no formar parte de algo, la idea de no estar incluido en ningún proyecto y entender que a nadie le importamos lo suficiente como para pertenecer a su mundo. Se puede interpretar la soledad de dos maneras: estar solo o sentirse solo. Estar solo es un hecho común para todos, no siempre estamos acompañados. Esta experiencia de soledad se puede disfrutar mucho y suele ser muy constructiva. Sentirse solos es diferente, porque uno se puede sentir solo también en compañía, en ocasiones no nos sentimos a gusto con las personas que nos rodean. El sentimiento de soledad, tiene que ver con no haber forjado una escucha o haber perdido una escucha. A veces este sentimiento acontece ante una separación o ante la pérdida de un ser querido, quién no ha vivido una situación como esta a lo largo de su vida. Cuando uno se encuentra bien, no importa llegar a casa y estar solo, porque nos sentimos acompañados de todas nuestras relaciones y compromisos. Vivir solo puede ser una buena opción de vida, pero no puede hacerse si no gozamos de unas buenas relaciones sociales, si no gozamos de una buena salud social.
La cultura nos permite no sentirnos solos jamás. Es cuando sólo nos escuchamos a nosotros mismos que entramos en ese vacío de la soledad. Cuando abrimos un libro, escuchamos a otros, otras vidas laten conmigo, es imposible sentirse solo.
Recostada en el diván ella recorría entre palabras los momentos más duros de su vida. Se sentía terriblemente sola, todo lo que quería había muerto, hasta sus ilusiones. El primer día que la vi era como un fantasma, un ser sin alma que buscaba el aliento necesario para seguir viviendo. Sola, en una vida tejida a través de los años, no sólo no tenía con quién hablar, sino que no tenía para quién vivir.
La soledad invadía todos los espacios, del trabajo a casa y de casa al trabajo, así transcurría su vida desde que él había puesto punto y final a la enfermiza relación que mantenían desde hacía años. Desde la muerte de sus padres, ella había volcado todas sus esperanzas en esa relación de pareja. No le importaban las amistades ni ocupar su tiempo libre. Él llenaba su mundo, ya no necesitaba más. Perderlo no estaba en sus planes. El mundo se le vino encima el día en que hizo las maletas y se marchó para no volver.
Los colores que antes llenaban su vida se volvieron oscuros. La última puerta a la felicidad se había cerrado para ella. Para él vivir con una persona así se le había hecho insoportable. La dependencia era tal que le faltaba el aire, ella no daba opciones, empobrecieron su vida hasta el extremo de que en el mundo sólo estaban ellos dos, todo lo demás vacío. Ahora ella estaba sola. Apostó a un único número y lo perdió todo. Había aniquilado de un plumazo toda la humanidad. Ni el trasiego de la ciudad conseguía hacerle sentir que había otros. Estaba encerrada en sí misma, en su propia cárcel.
Desde un principio, parecía que yo no existía para ella. Hablaba para sí misma, no daba lugar a mis intervenciones, apenas había cruce de miradas. Con el tiempo fue derribando los altos muros que había construido y fue dejándome entrar, alguna sonrisa, algún gesto de complicidad. Un día llegó a decir que se había puesto ese vestido para estar guapa para mí. Parecía ilusionada por sus sesiones, por contarme su vida cotidiana y, también, empezaba a tener alguna ilusión de futuro. Pequeños destellos de luz dejaban entrever un mundo más rico que ese pequeño en el que ella había vivido tantos años.
Un día llegó a la consulta irreconocible, sonreía de lado a lado de la cara. Se había inscrito en la universidad y empezaba las clases con ganas. Tenía ganas de tener compañeros, tener horarios, moverse de su anquilosamiento. Hacía dos meses que había retomado una relación de amistad con una compañera de la infancia, quedaban de vez en cuando para tomar café, ir de compras. Hacía años que habían roto el contacto y no sabía por qué. Empezó a entender que la relación de pareja no era ninguna solución para su vida. “No es bueno amar como si el otro fuera la única persona del mundo” –dijo. Escuchar esas palabras de su boca ya eran un gran paso.
Ya no temía a la soledad, había abierto tantas puertas que ni vivir sola ni estar soltera le hacían sentirse única ni abandonada. Tenía amigos que la querían, tenía personas a las que querer y tenía un fuerte compromiso con su psicoanálisis. Había entendido que un libro basta para estar con otros, que son los compromisos los que te hacen vivir, que comprometerse no era entregar tu vida al primer postor.

Helena Trujillo Luque
Psicoanalista Grupo Cero
www.htpsicoanalisis.com


Si su relación de pareja no funciona, puede consultarme y le orientaré sin compromiso.
Telf. 952 39 21 65 - info@htpsicoanalisis.com 

Charla de Psicoanálisis: El concepto de inconsciente en la vida cotidiana

CHARLA COLOQUIO DE PSICOANÁLISIS


Viernes 12 de Noviembre a las 19:30 hrs.

EL CONCEPTO DE INCONSCIENTE EN LA VIDA COTIDIANA
Impartida por la psicoanalista Helena Trujillo
Presentada por D. Antonio Vela, Profesor de Psicología Dinámica de la
Facultad de Psicología de Málaga
Sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés
C/Hilera, s/n Edf. Hogar Departamento de Librería

ENTRADA LIBRE

miércoles, 20 de octubre de 2010

Yo estudié psicoanálisis en Málaga

Yo estudié Psicoanálisis en Málaga, comencé allá por 1996, en mi primer año de carrera. Los nubarrones del futuro laboral desaparecieron abriéndome paso a una profesión apasionante a la que me dedico desde hace más de 10 años.
Desde un principio compaginé psicoanálisis personal, seminario Sigmund Freud y taller de escritura. Luego se irían sumando más elementos. Las clases eran muy diferentes a las de la universidad. Por primera vez estaba muy motivada y no quería perderme ni una clase, ni un evento. Salud, ciencia, política, sociedad, poesía, las clases abarcaban todo aquello que alcanza lo humano, ello te genera una sensación de estar vivo y despierto que antes no había tenido.
El psicoanálisis es un pensamiento revolucionario y de candente actualidad. La producción fundamental de la obra freudiana es el concepto de inconsciente: hay cosas que suceden en el sujeto sin que él sepa nada de ellas, y estos procesos no son azarosos, están sometidos a unas leyes, leyes de las que sólo el psicoanálisis puede dar cuenta.

El psicoanálisis cura, pero no puede ser reducido a un método terapéutico. Movimientos culturales como el surrealismo (que toca la poesía, la publicidad, el cine, la arquitectura actuales...) son imposibles de pensar si no es desde el psicoanálisis.

Y así, podríamos enumerar las aportaciones que el psicoanálisis ha hecho para pensar muchas otras disciplinas.

Por todo ello, la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero viene estudiando y trasmitiendo el psicoanálisis desde hace más de treinta  años, trabajando para la formación de psicoanalistas y para la atención clínica a la comunidad.

Queremos acercar el descubrimiento freudiano a la población, como elemento para pensar la realidad y como posibilidad de transformarla. Con motivo de la celebración de estos veinte años, se han convocado los Seminarios Sigmund Freud, Jacques Lacan y Pensamiento contemporáneo (Hegel, Marx, Heidegger). Las clases serán impartidas por psicoanalistas de la Institución.

Los interesados en cursar estos seminarios, deberán realizar una entrevista previa con uno de los psicoanalistas de la Escuela.

EN MÁLAGA: SEMINARIO SIGMUND FREUD

3 años de duración
Becas para estudiantes universitarios
Convenios con el Colegio de Médicos de Madrid

Infórmese y fórjese un futuro de éxito. Tú también puedes.

Más información telf. 952 39 21 65

miércoles, 6 de octubre de 2010

Charla sobre La masturbación

CHARLA-COLOQUIO DE PSICOANÁLISIS SOBRE LA MASTURBACIÓN
VIERNES 8 DE OCTUBRE de 2010


Impartida por la Psicoanalista Helena Trujillo

sábado, 25 de septiembre de 2010

Vídeo de la Charla sobre El sentimiento de culpa





EL SENTIMIENTO DE CULPA
MÁLAGA, 24 DE SEPTIEMBRE DE 2010
Psicoanalista Helena Trujillo

martes, 21 de septiembre de 2010

Entrevista a la psicoanalista Helena Trujillo en la Revista Eroski Consumer


Helena Trujillo, psicoanalista
"El psicoanálisis trata patologías que tienen su origen en procesos inconscientes, como las fobias"

El psicoanálisis es una disciplina que se ocupa del estudio del psiquismo humano. Creada por Sigmund Freud a finales del siglo XIX, es una ciencia reciente que carga con numerosos mitos y prejuicios. ¿Hay que seguir durante muchos años esta terapia para curarse? ¿Hay que tener cierto nivel de educación para psicoanalizarse? Helena Trujillo ejerce como psicoanalista desde hace varios años, colabora con diversos medios de comunicación e imparte cursos y charlas sobre este tema. En esta entrevista, desmonta algunos de los mitos que alejan al psicoanálisis de la sociedad y defiende la vigencia de una ciencia tan práctica como poco conocida.


Por CLARA BASSI            21 de septiembre de 2010

¿Qué problemas puede tratar el psicoanálisis?
Toda ciencia tiene sus límites. El psicoanálisis puede ocuparse de patologías que tengan su origen en procesos inconscientes, como neurosis,hipocondría, fobias, obsesiones o enfermedades psicosomáticas, entre otras. No puede tratar el autismo, enfermedades congénitas u otras derivadas de una lesión orgánica.

¿Cuál es la labor del psicoanalista?
Se asemeja a la de un traductor. Dispone de las herramientas teóricas y técnicas necesarias para interpretar las aportaciones del paciente. No en vano, los contenidos inconscientes nunca llegan a la conciencia de manera directa, sino indirecta, a través de los lapsus, los síntomas, los actos fallidos, etc.

¿Qué es el inconsciente?
"En el inconsciente se hallan los recuerdos, los afectos, los sentimientos y la memoria"
El aparato psíquico está formado por dos instancias: consciente e inconsciente. En el inconsciente se hallan los recuerdos, los afectos, los sentimientos y la memoria. Es el motor del aparato psíquico. Hasta la creación del concepto de inconsciente por Freud, no se podía dar cuenta de cómo y por qué el sujeto psíquico sentía deseo, amor, dolor, tristeza u odio y de dónde provenían estos estados, a veces, tan paradójicos. Ahora, sabemos que provienen del inconsciente.

¿Qué papel juega la sexualidad en el psicoanálisis?
Éste es uno de los temas más polémicos y que más rechazo ha ocasionado al admitir la teoría psicoanalítica. Antiguamente se confundía lo sexual con lo genital. Se pensaba que los niños no tenían sexualidad. Se creía que era algo que acontecía sólo durante unos años de la vida. El psicoanálisis otorga un papel destacado a la sexualidad en nuestro desarrollo psíquico, ya que ésta comienza desde que nacemos. Hay que entender que no es el concepto de sexualidad tal cual lo entendemos en la vida cotidiana, sino en un sentido más amplio. Tiene que ver con la forma de relacionarnos con el exterior, nuestra continua búsqueda de placer-displacer...

¿Por qué ayuda tanto escuchar y sentirse escuchado?
El mismo hecho de poder pronunciar en voz alta las fantasías ya mejora a la persona. Hay que saber también que el psicoanalista cura más por lo que es, que por sus palabras. El paciente no necesita consejos, sino que acude a una consulta para hablar de qué le pasa, para que le escuchen como nadie hasta ahora lo había hecho y para poder dar un sentido diferente a los acontecimientos que le suceden.

¿Una terapia psicoanalítica debe durar muchos años?
"El paciente viene para hablar de qué le pasa y poder dar un sentido diferente a los acontecimientos que le suceden"
Puede durar muchos o pocos años. Pensar que el tiempo de un tratamiento está definido de antemano es un mito y una resistencia al psicoanálisis, ya que es un proceso individual. Por otro lado, hay que diferenciar el tiempo en el que se obtienen resultados terapéuticos (para curarse), que puede oscilar entre nueve meses y un año, y el tiempo para psicoanalizarse (para entrar a fondo en la propia vida, en la propia biografía), que será más prolongado o toda la vida.

El psicoanálisis parte de la base de que las primeras relaciones y experiencias condicionan la psique. ¿El pasado marca de una forma definitiva?
Nuestros primeros aprendizajes condicionan qué somos, ya que suponen nuestro pasaje a la sociedad humana. Pero pensar que el pasado es inamovible y determinante de nuestro futuro es llegar demasiado lejos. La utilidad terapéutica del psicoanálisis recae en que podemos modificar los pensamientos y experiencias que ocasionan un proceso patológico en la persona. El futuro se puede cambiar si cambiamos nuestros deseos inconscientes sobre el mismo.

Una persona mayor de 30 años, ¿cómo puede regresar a su pasado para solucionarlo en el presente?
"Esta disciplina restituye la capacidad de interactuar con la realidad, adaptarse a ella y realizar los cambios oportunos para vivir mejor"
Al pasado no se puede regresar. Es otra equivocación pensar que el psicoanálisis se ocupa del pasado de las personas. Cuando un paciente acude a la consulta, nos encontramos ante una persona que ha tenido pasado, pero éste sólo está en el paciente como es ahora. Los sucesivos pasos de nuestro desarrollo psíquico no se borran para dejar paso al siguiente, sino que se suman. En mí hay una niña de cinco años, de diez, una adolescente... pero no hay una mujer de 50 años, porque eso aún está por ocurrir. Esta terapia trabaja sobre el futuro porque éste se puede modificar. No obstante, también cambia nuestro pasado porque, si pensamos diferente, acabamos por tener una visión diferente de nuestras experiencias pasadas.

¿Qué puede esperar una persona que acude a una terapia psicoanalítica?
Freud dijo que el psicoanálisis tiene como objetivo devolverle a la persona la capacidad de amar y trabajar. Restituye la capacidad de interactuar con la realidad, adaptarse a ella y realizar los cambios oportunos para vivir de manera satisfactoria. El resultado que el paciente espera de la terapia depende de su deseo y de su capacidad de trabajo.

¿El psicoanálisis está reservado para gente culta?
El paciente que quiera, de cualquier clase social o nivel intelectual, puede comenzar la terapia.

¿Ha cambiado mucho el psicoanálisis desde Freud?
Estudiamos a Freud y a Jacques Lacan, y podemos afirmar que no ha cambiado en los elementos fundamentales del tratamiento. Otras escuelas tienen otra forma de practicar el tratamiento, pero tal vez eso sea un afán de no parecerse al psicoanálisis.

¿Cuáles son las ideas de Freud que han quedado superadas?
"El psicoanálisis es aplicable a empresas, médicos o distintos ámbitos de formación para detectar muchos problemas e intervenir sobre ellos"
Tiene poco más de un siglo y aún no se ha llegado a estudiar y asimilar por completo el pensamiento psicoanalítico. No se ha podido superar algo a lo que aún no se ha llegado. Es una ciencia muy joven, muy rechazada y que otras disciplinas aún no han incorporado. Podemos decir que está aún por sumarse a las vidas de la mayoría de las personas.

¿Qué otros grandes psicoanalistas destacaría?
Jacques Lacan fue un estudioso del psicoanálisis freudiano. Llegó a cerrar su escuela porque sus propios alumnos dejaron de leer a Freud. Nuestra escuela, fundada por Miguel Óscar Menassa, estudia a Freud y Lacan con rigor y se ocupa de la transmisión y la difusión de esta disciplina. Menassa recogió la idea que Freud mostró en su obra: la necesidad de unir poesía y psicoanálisis.

¿El cine ha distorsionado, en cierta medida, el psicoanálisis?
Un caso típico es el de Woody Allen, que es director de cine, no psicoanalista. Nos puede gustar como cineasta, pero eso no significa que sea un difusor del psicoanálisis. Transmite, como muchos otros, una idea irreal de qué es un tratamiento. Todos recordamos los chistes del psicoanalista que se duerme en la sesión del paciente o se ríe de él. Eso no es el trabajo diario de un profesional.

¿El psicoanálisis se aplica más allá del diván?
"Desde el psicoanálisis, la salud no es la reconstrucción de un estado anterior, sino la creación de uno nuevo"
Por supuesto, el diván es un instrumento, pero desde hace años el psicoanálisis se aplica y es aplicable a empresas, profesionales, médicos o distintos ámbitos de formación, entre otros. Tener en consideración la teoría psicoanalítica sobre el sujeto psíquico ayuda y potencia el trabajo de estos profesionales. Les ayuda a detectar muchos problemas, a intervenir sobre ellos y a reconocer afectos propios que intervienen en las relaciones laborales cada día.

¿Se aventura a dar una definición de salud mental?
El psicoanálisis es la disciplina que se ocupa de la salud psíquica, que trata enfermedades tan comunes como depresión, ansiedad, trastornos obsesivos o alteraciones sexuales, que tienen tratamiento y curación, y que no hay que vivir con ellas. Lo más caro es vivir con sufrimiento y ver mermadas las propias capacidades. Hay que alejar ideas como que el tratamiento psicoanalítico es muy caro o muy largo o que se debe hablar del pasado y de los traumas. La enfermedad siempre es la peor solución. Desde el psicoanálisis, la salud no es la reconstrucción de un estado anterior, sino la creación de un nuevo estado, de un nuevo sujeto.

FREUD, EL PADRE DEL PSICOANÁLISIS
Hablar de psicoanálisis es hablar de Sigmund Freud. Nacido en 1856 en Friburgo (antigua ciudad del Imperio austríaco que hoy pertenece a Chequia), Freud se licenció en medicina. Un viaje a París fue decisivo en su trayectoria profesional. En 1886 trabajó durante varios meses bajo la dirección de Jean Martin Charcot en el prestigioso servicio de neurología de la Salpêtrière parisina. Pudo conocer de primera mano la histeria y los tratamientos basados en la hipnosis y la sugestión. A su vuelta a Viena, Freud se casó y abrió una consulta privada.
Gracias al contacto diario con sus pacientes, sentó las bases del psicoanálisis. En esos primeros años como médico, publicó varios libros y artículos, que se recibían entre el desinterés y la indignación, porque ya planteaba en ellos sus ideas más rompedoras, como la de una sexualidad infantil. En 1906, su pequeño círculo de seguidores vieneses se amplió. En 1908, se celebró el Primer Congreso Psicoanalítico y, al año siguiente, impartió diversas conferencias en EE.UU. que contribuyeron a otorgarle fama mundial.
Algunos de sus libros se convirtieron en "best-sellers", los medios de comunicación le perseguían y numerosos pacientes acudían a su consulta. El psicoanálisis empezaba a extenderse por el mundo y, en las siguientes décadas, conocería su época dorada. La gran tragedia de Freud fue que su éxito profesional coincidiera con sus graves problemas de salud, lo que no impidió que siguiera con gran energía. En 1923, se le diagnosticó un cáncer de mandíbula, por el que se sometió a numerosas intervenciones. Murió exiliado en Londres en 1939.

lunes, 6 de septiembre de 2010

La comedia de los sexos

Había llegado el día, tan temido por tan deseado, donde todas mis necesidades estaban cubiertas; no sólo las necesidades que hacían a mi bienestar social, sino aquellas que descubrían mis necesidades amorosas. 
Ya nada tendría que esperar del futuro, ya nada ensombrecería mi condición humana, sin embargo un sabor amargo entorpecía mis próximos pasos.
Me sentía necesitada y amada, ya pesar de eso no era suficiente.
Estas cuestiones están en el principio de todo final, ese momento en que dejamos de amar todo aquello que comienza y el aburrimiento invade cada nuevo encuentro y cada nueva acción, haciéndolos sonar a viejos.
Y esto porque al ser humano, sea hombre o mujer, no le basta con sentirse necesitado o amado, también es necesario que se sienta deseado, esto quiere decir que no le basta con ser objeto de amor, es necesario que ocupe el lugar de causa del deseo.
Esta verdad está en el corazón de la vida sexual, es la condición de la felicidad humana.
A veces pasa que en las relaciones de pareja cuando ella ocupa el lugar de la madre no sólo lo ocupa para los hijos, sino también lo ocupa para el padre de sus hijos, esto quiere decir que es necesitada y amada, pero no puede ser deseada, no puede ocupar el lugar de causa del deseo de su pareja. Así, hay hombres que desean a la mujer que no aman y aman a la mujer que no desean, sufriendo de impotencia psíquica. Hay mujeres que prefieren parecer que aman y parecer que desean, que dejar un instante de ser mujer para sólo parecerlo. Y esto porque en la comedia de los sexos se representa la tragedia de Edipo.
Ocupar el lugar de causa del deseo, para el otro, es el comienzo de la comedia de los sexos puesto que para ocupar ese lugar tiene que ponerse en juego la impostura de los comediantes: él tiene que parecer que tiene y ella tiene que parecer que es. Es por eso que se ponen en juego una impostura masculina y una mascarada femenina.
Hay mujeres que prefieren parecer que gozan, a gozar pareciendo que son, puesto que ser hombre o ser mujer es una cuestión de apariencia.
Es para ser el falo, es decir el significante del deseo del otro, para lo que la mujer va a rechazar una parte esencial de su femineidad, concretamente todos sus atributos. Es por lo que no es por lo que pretende ser deseada, al mismo tiempo que amada. El significante propio de su deseo lo encuentra en el cuerpo de aquel a quien se dirige su demanda de amor. El órgano masculino tiene para ella valor de fetiche. Como objeto de amor la priva de lo que da y como deseo encuentra en él su significante. Es por eso que la ausencia de satisfacción sexual, es decir la frigidez, es bien tolerada por ella, mientras que la represión inherente al deseo es menor que en el hombre. Ella no satisface su demanda de amor, pero sí su deseo.
El hombre, por el contrario, encuentra cómo satisfacer su demanda de amor en la relación con la mujer en tanto ella da lo que no tiene: erección. Ella desencadena la erección, luego él tiene que arreglárselas con ella. Es por eso que en el hombre la impotencia sea soportada mucho peor que la frigidez en la mujer. Podríamos decir incluso q e la potencia y la frigidez son condición del lugar de causa del deseo, en tanto el goce masculino y el goce femenino no son sólo cuestión de órganos genitales.
Lo fundamental del goce femenino es la ausencia de localización. Ella goza con todo su cuerpo, por eso que su orgasmo no tiene su sede en el clítoris o en la vagina.
En la comedia de los sexos ambos entran en el juego por el engaño: la impostura masculina y la mascarada femenina. Frente al sexo el sujeto se encuentra perplejo, enfrentado a un enigma ininteligible, para el cual no tiene ningún saber, ni recurso. Enigma que obliga a una respuesta: situarse en relación a él.
Como hombre y como mujer los sujetos no se distinguen, sino que se los distingue.


AMELIA DÍEZ CUESTA







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