martes, 26 de julio de 2011

RELATOS DE DESESPERACIÓN II

RELATOS DE DESESPERACIÓN II


Delgada es la línea que separa la vida de la muerte, la razón de la locura.
Abrió el cajón de su escritorio y extrajo un revólver que había adquirido años antes en el mercado negro. Lo puso sobre los papeles escritos y permaneció unos instantes mirando ese frío instrumento.
Hacía días que extrañas ideas rondaban su mente, la desazón corroía sus horas, se sentía al borde de un precipicio sin fin. Su mundo se había desplomado como si se hubiese tratado de un mero espejismo. Estaba solo, con ese arma sobre la mesa, frente a un destino desconocido.
Cayó la noche y la angustia lo sumió en un pesado sueño, allí mismo, sobre la mesa, junto a su silencioso compañero. En una isla desconocida, una mañana gris, un grupo de jóvenes se dirigía a una especie de cabaña donde otros les esperaban. Él, agazapado entre los árboles, les apuntaba con un arma automática y algunas granadas. No sabía por qué estaba allí, ni quiénes eran, sólo sentía el impulso de disparar y cegar la vida de esos desconocidos.
De un sobresalto interrumpió la imagen onírica. Se sentía un asesino, no sólo por la intención de acabar con su vida, sino porque con ello atentaba contra muchas otras personas que también formaban parte de su vida. Un reguero de lágrimas surcó su rostro, en la penumbra de la estancia, fijó su vista en un resquicio de luz que entraba por la puerta. Al otro lado la vida, la esperanza, los seres queridos. Volvió a tomar el revólver y lo guardó en el cajón del que nunca debió haber salido. Echó la llave y la introdujo en un sobre blanco que arrojó al cesto de la basura. Levantándose de la silla, se acomodó el cabello, secó sus lágrimas y se encaminó hacia la puerta que le separaba del resto del mundo.
Hoy no sería el día de su final, hoy sería un día más, un grano de arena en una inmensa playa que sería su propia vida.

Helena Trujillo