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lunes, 29 de octubre de 2012

TODO LO QUE QUIERES SABER SOBRE LA INFIDELIDAD


"LA MUJER DEL SIGLO XXI",

que dirije y presenta Helena Trujillo en 3.40 tv Mijas


HOY HABLAMOS DE LA INFIDELIDAD

Nos acompañan en la tertulia: Alicia Martín, Regina Román, Manuel Beltrán y Marta González.

Entrevistamos a:
  • Dra. Alejandra Menassa, especialista en parejas
  • Alicia Gallotti, escritora y sexóloga
  • Hugo, masajista
  • Jaime Domingo, director de Ashley Madison España, portal de contactos extramatrimoniales
  • Rocío, gerente de un local de intercambio de parejas
Un programa de Psicoanálisis que revolucionará el panorama actual.
En tiempos donde los recortes hacen sus estragos, trabajaremos para la construcción de la mujer que está por venir, donde cada semana contaremos con invitados/as para conversar sobre:
La mujer y el psicoanálisis, mujer y creación, mujer y política...


TODOS LOS MARTES A LAS 22.30 HORAS
3.40 tv Mijas

TODOS LOS MIÉRCOLES A LAS 19 HORAS EN
RADIO MIJAS 107.7 FM



Helena Trujillo Luque
Psicoanalista Grupo Cero- Asesora Matrimonial
Teléfonos: 
Málaga: 952 39 21 65 
Madrid: 91 55 96 436
Móvil: 626 67 33 22

miércoles, 17 de octubre de 2012

LA MUJER DEL SIGLO XXI. Ya están los vídeos disponibles



"LA MUJER DEL SIGLO XXI",

que dirije y presenta Helena Trujillo en 3.40 tv Mijas


Un programa de Psicoanálisis que revolucionará el panorama actual.
En tiempos donde los recortes hacen sus estragos, trabajaremos para la construcción de la mujer que está por venir, donde cada semana contaremos con invitados/as para conversar sobre:
La mujer y el psicoanálisis, mujer y creación, mujer y política...



TODOS LOS MARTES A LAS 22.30 HORAS
3.40 tv Mijas

ONLINE EN:



Aquí puedes ver los programas emitidos hasta el momento:







Helena Trujillo Luque
Psicoanalista Grupo Cero- Asesora Matrimonial
Teléfonos: 
Málaga: 952 39 21 65 
Madrid: 91 55 96 436
Móvil: 626 67 33 22

jueves, 29 de septiembre de 2011

La sombra de la infidelidad


LA SOMBRA DE LA INFIDELIDAD

Al rojo vivo están muchas relaciones cuando la sombra de la infidelidad se cierne sobre la pareja. Ya manifesté en otras ocasiones que cada vez son más los que acuden a terapia para solventar una crisis matrimonial y en la mayoría de los casos los celos y la sospecha de terceras relaciones están detrás de los motivos de los problemas conyugales. 

¿Es imposible la fidelidad en la pareja? ¿Puede mantenerse el amor y el deseo a través de los años? ¿Qué es ser infiel? ¿Tolerar cierta libertad sexual de tu partenaire es muestra de desinterés? ¿Qué amamos cuando amamos y qué deseamos cuando alguien se nos cruza en nuestro camino? A la hora de dar respuestas podemos vernos influenciados por sentimientos y consideraciones de orden moral que trascienden de la educación que hemos recibido a este respecto. La religión, la defensa de la institución familiar, el temor a lo desconocido así como la no consideración de la propia naturaleza humana nos llevan a pensar, generalmente, que sin fidelidad no hay relación de amor posible. Muchos afirman que ser infiel es la mayor traición que te puede ocasionar la pareja, "lo soportaría todo menos que se acostara con otro/a". La posibilidad de perder al ser amado genera gran dolor, pero también supone una ofensa al propio narcisismo, "qué es lo que tiene ella que no tengo yo". Nos sentimos en falta, vemos tambalearse nuestro universo, alguien de fuera ha puesto en tela de juicio la fortaleza de la relación y desata la caja de pandora.

No siempre la sospecha es fundada, en muchos casos vemos donde no hay, son nuestros propios deseos los que nos llevan a atribuirle al otro los deseos que sentimos de forma inconsciente. ¿Acaso podemos controlar lo que sentimos? Hay quienes presa de su pasión celosa espían a su pareja, le miran el teléfono, violan la confianza buscando justamente eso, el engaño. ¿Es lícito transgredir todos los límites de la convivencia para descubrir aquello que no quieres que pase? ¿Qué haremos si descubrimos lo terrible, hay otro/a? ¿Podremos soportar nuestras preguntas, nos servirán las respuestas? ¿Qué hacer después, acaba aquí la relación? ¿Qué hacer si tu pareja te agobia por sus celos, puede meterse en tu vida más íntima? ¿Es peor ser infiel o es peor querer dominar al otro?

Las relaciones humanas son complejas, no hay un camino hecho previamente que nos augure el éxito, lo que antaño fue válido ya no lo es, cambiamos de gustos, la relación se desgasta porque dejamos de cuidarla... ¿Quiere decir eso que podemos o queremos prescindir de nuestro compañero/a? ¿Quiere decir que el muerto al hoyo y el vivo al bollo? No tiene por qué ser así, muchas relaciones son fuertes compromisos, amor más allá del apasionado deseo del comienzo, relaciones que te apoyan cuando lo necesitas, el objetivo por el que trabajar, el centro de la familia que habéis construido. Romper una relación por un escarceo sexual es un grave error. Una cosa es tener un deseo sexual y otra amar a alguien. Con un amante no te irías a vivir, no compartirías tu intimidad, tu vida. Muchos han roto su afianzada relación por un "calentón" y luego se quedaron compuestos y sin nadie a quien amar. Se puede vivir sin pareja, por supuesto, pero si se ha elegido vivir con un compañero/a hay que tener manga ancha, hay que permitir cierta distancia, cierta libertad para que cada cual tenga el espacio que necesita para desarrollarse. Este es uno de los graves errores de las parejas. No se dan cuenta de que atar en corto al otro, controlarle, preguntarle por cada uno de sus pasos, aleja cada vez más a la otra persona, la agobia, acabará por estallar tarde o temprano.

No es un tema nada fácil este, apenas tenemos educación sentimental, pensamos las relaciones como algo hermético en el que no tienen que intervenir terceras personas, ni familia, ni amigos, ni nadie... Está claro que hay cosas que incumben sólo a los dos, pero necesitamos de otros para vivir, para llenarnos de deseos, porque cuando una pareja son dos, el deseo se va agotando de tanto usarlo. Si tu pareja vuelve a casa feliz y te trata con agrado y con amor, no debes preguntar qué hizo, ni con quién fue, debes saber disfrutar del don de su compañía, de la vida que compartís que está hecha con muchos otros. Pretender que el amor sea cosa de dos es caer en los brazos del sueño infantil donde el niño lo era todo para la madre y ella para su pequeño retoño, no hacía falta nada más. Debemos alejarnos de este modelo que nos aísla y nos hace infelices. Debemos alzar el vuelo, trabajar por nuestra propia felicidad para luego poder aterrizar y compartir nuestra satisfacción con las personas a las que amamos. Ese es el mayor grado de respeto, darle al otro lo mejor de mí.



Helena Trujillo
Psicoanalista y Terapeuta de Parejas.


Consulta en Málaga - Madrid - Online

miércoles, 23 de junio de 2010

Charla de Psicoanálisis SOBRE LAS RELACIONES DE PAREJA.


CHARLA-COLOQUIO DE PSICOANÁLISIS

JUNIO, Miércoles 30 a las 19:30 hrs.
LAS RELACIONES DE PAREJA.
Sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés.
C/ Hilera, s/n. Edificio Hogar. Dept. Librería
ENTRADA LIBRE


Las relaciones de pareja siempre son fuente de curiosidad y, muchas veces, de preocupaciones. ¿Cómo alcanzar el éxito? ¿Cómo hacer que funcione la relación? ¿De qué depende nuestra forma de entender las relaciones?
De estos y muchos otros asuntos hablaremos en esta charla-coloquio en la que esperamos que las preguntas del público den pie a una interesante conversación.

martes, 11 de mayo de 2010

¿SOY INFIEL?

¿SOY INFIEL?



Podría ser hipócrita y responder que en absoluto soy infiel, que me entrego en cuerpo y alma a mis ideas y mis amores, que nada cambia ni yo tampoco. Intentar convenceros de que esa es la mejor forma de vivir, que hacer lo contrario es una inmoralidad y que la infidelidad habría que desterrarla de este mundo. Como digo, podría ser hipócrita. Pero voy a ser sincera con ustedes.

Los datos que se refieren a la infidelidad conyugal reflejan que más de la mitad de los varones han tenido experiencias sexuales extraconyugales, las mujeres aún no alcanzan las mismas cifras, pero va en aumento. En contraste con esta realidad que se esconde tras un tupido velo, las personas valoran a la hora de buscar pareja, no el físico o la inteligencia, sino la fidelidad. Tampoco hay que pasar por alto que las infidelidades suelen ser una causa determinante en muchas rupturas de pareja. ¿Cómo compaginar entonces el ideal con la cruda realidad?

¿Somos unos inmorales o es que esta moralidad que tenemos no tiene en cuenta los deseos y necesidades humanos? Antes de que entren a polemizar con lo que digo, bien estaría definir lo que entiendo por fidelidad o infidelidad. Sería muy pobre quedarse en el terreno sexual para referirse a este término, aducir que cuando uno ama a una persona debe serle fiel y no mirar a ninguna otra. Esta es la concepción que seguro tendrán muchos de ustedes, pero puedo sumarle muchas más cosas. Ser fiel también habría que serlo a las primeras ideas que uno tuviera o a los primeros amores o a los primeros gustos. Sin embargo, ustedes entenderán que lo que un día me gustó no tiene por qué gustarme hoy, que lo que yo pensaba de la vida antaño hoy no coincide con mi pensamiento actual. Afortunadamente eso tiene que ser así. Las personas estamos en continuo crecimiento. Nuestros gustos varían, vamos sumando experiencias, relaciones. Si entendiéramos como infidelidad cada paso que uno diera que le aleje de lo anterior, no estaríamos donde estamos. Seríamos una especie sumamente pobre.

Nos caracterizamos por lo contrario, somos seres de gran complejidad, diferentes a cada instante, lo que pensaba ayer hoy no lo mantengo, puedo cambiar de trabajo, de pareja y hasta de color de pelo y eso no tiene por qué significar que sea mala persona o menos relevante para la sociedad. Sin embargo, se nos pide que seamos fieles en el terreno amoroso. ¿Cómo se habrá llegado a tal exigencia?

En un interesante trabajo de Freud “La moral sexual cultural en la nerviosidad moderna” el autor realiza un estudio donde contrasta las exigencias morales y las necesidades o deseos humanos. Una cosa es lo que se nos exige moralmente y otra, muy diferente, que “todos” podamos a llegar a satisfacer tales niveles. Hay personas para las cuales ser fieles a sus parejas es tarea fácil, pero para otras, en cambio, asumir tal exigencia les lleva al camino de la enfermedad, la insatisfacción o el engaño. Si uno quiere, es fácil de entender. Hay quienes se conforman con lo monótono, incluso, están así a gusto, personas a las que comer todos los días lo mismo les satisface. ¿Qué haría usted si todos los días hiciera lo mismo, viera a las mismas personas, dijera las mismas palabras? Creo que podría llegar a desesperarse. Pues eso mismo es lo que pedimos en el terreno sexual a todo el mundo, que se conformen todos los días con el mismo aburrimiento.

No todos somos así claro, porque podemos ser una pareja pero cocinar los mismos platos de forma diferente cada día, evitamos la monotonía, cada encuentro es una sorpresa. Este ideal, sin embargo, sean sinceros, pocas veces se cumple. El matrimonio acomoda, somos el uno del otro, posesiones, nos descuidamos, se acaba la pasión, todo monotonía, parecemos más que amantes, hermanos. Díganme así quién puede mantenerse fiel sin ser un insatisfecho.

Muchos hombres, para mantener sus matrimonios, vivían una vida paralela. Amantes o prostitución eran los caminos para su satisfacción, mientras que su vida familiar era cómoda y aparentemente feliz. Sus mujeres no les ofrecían lo que ellos necesitaban. Muchas de ellas también encontraban fuera de casa el lugar donde satisfacer sus fantasías, porque frente a sus maridos no podían. Como ven, un desencuentro de goces.

Entrar a valorar si esto está bien o no, no me corresponde. Pero sí decir que es una realidad. Que el ser humano no puede ser fiel, si lo es lo sería a sus primeros vínculos afectivos o amorosos, a sus primeras ideas y eso no hay quien pueda mantenerlo con salud. Tenemos que aceptar que ninguna persona puede ser una propiedad privada, la pareja ha de fundamentarse en el amor y/o deseo, para que ello se mantenga el trabajo ha de ser continuo. Conversar, respetar, tolerar. Debemos entender que  todos deseamos muchas cosas y no por ello dejamos de hacer las que hacemos. Que a veces para que mi marido esté a gusto conmigo, tiene que encontrarse con otras relaciones. Que yo a veces, cuando hago el amor con él, pienso en otras personas. Que por decir su nombre, digo el de otro. Que sueña con otros nombres que no son el mío. Que a veces, nos encontramos deseándonos. Y que no nos separamos ni nos matamos, porque aceptamos que somos diferentes y, aún así, nos amamos.

Usted elige, la hipocresía o la realidad del deseo humano. En otros lugares la gente se mata por esto, aquí nos animamos a la conversación.

Helena Trujillo Luque
Psicoanalista de la Escuela Grupo Cero

viernes, 7 de mayo de 2010

domingo, 2 de mayo de 2010

INFIDELIDAD


INFIDELIDAD
Se me paró el corazón, una rara sensación recorrió mi cuerpo cuando vi ese número en su teléfono. Mis sospechas se habían confirmado, aquellas excusas no eran más que eso, excusas. Cuánto me habría gustado creerle, pero algo me decía que me estaba mintiendo, nunca antes había comprendido aquellos retrasos, aquellas manchas en la ropa o aquel olor tan sospechoso. Llevábamos más de 11 años de relación y apenas 2 casados, todas mis ilusiones se habían cumplido al estar con él, la persona que más quería en el mundo y que ahora me estaba defraudando de esta forma.
Nos conocimos una noche en las fiestas en mi pueblo, cada año vuelvo allí para reencontrarme con mis familiares y con los amigos íntimos que aún conservo desde la infancia. Desde que comencé a trabajar me fui a vivir fuera, a la capital, pero nunca he olvidado de dónde procedo. Aquella noche era especial, había nacido mi primer sobrino y estaba exultante, quedé con mis amigos donde siempre, había que celebrarlo y puntual acudí, más guapa que nunca. Cuando llegué ellos aún no habían llegado, ya se sabe que los días de fiesta los más puntuales también se retrasan. Mientras les esperaba, pedí una cerveza en la barra y mientras tanto, bebía a pequeños sorbos y sonreía para mis adentros. Uno de los que estaban a mi alrededor empezó a fijarse en mí, al principio apenas le presté atención, iba a lo mío, pero fui dándome cuenta de que ignoraba la conversación de sus acompañantes para mirarme fijamente. Poco a poco esa situación fue incomodándome, el tiempo pasaba con demasiada lentitud y mis amigos no llegaban, nunca antes me había sentido tan observada por un desconocido.
Era un chico alto, joven, moreno, iba bien vestido y tenía pinta de no ser de la zona, tal vez un turista de los que se acercaban por estas fechas por el pueblo. Con los nervios me había terminado la cerveza y el camarero, antes de pedirle otra, ya me la había servido, le miré con extrañeza cuando me dijo que aquel chico que tanto me miraba me había invitado a la siguiente. Ante esta situación no tuve otra que agradecerle con un gesto la invitación, motivo que él aprovechó para dejar a sus amigos y acercarse, en un par de pasos, hasta mí. Comenzó a hablarme y entablamos una animada conversación, sin darme cuenta del paso del tiempo llegaron mis amigos y con ellos el motivo para irme a otro sitio. He de reconocer que ese chico, ya no tan desconocido, me atraía muchísimo, se mostraba muy seductor y apenas tímido, y la idea de ir con mis amigos había dejado de resultarme tan atractiva. No obstante, no podía echarme atrás y con dos besos nos despedimos, no sin intercambiarnos los teléfonos.
Me fui con ellos y de discoteca en discoteca pasamos la noche, cansada y sin mirar la hora, decidí irme para casa, los nervios del día, las copas y las altas horas de la madrugada habían hecho mella en mí. Tenía el teléfono en el bolso y no eché mano de él hasta llegar a casa, entonces me di cuenta de que tenía varias llamadas perdidas y un par de mensajes de Alberto, el chico que había conocido esa noche. Tras leerlos, y no sin nervios, me decidí a llamarlo, esperando que estuviera ya dormido y mi llamara no tuviera consecuencia alguna. Sin embargo poco después de los primeros tonos escuché su voz, me saludó cálidamente y me confesó no poder conciliar el sueño dándole vueltas a nuestro encuentro. Hablamos durante unos minutos cuando él, atrevido, me propuso encontrarnos en persona y seguir la conversación cara a cara. Yo ya estaba en pijama, desmaquillada y en la cama, en casa de mis padres, en la habitación de mi infancia, sin embargo no lo dudé un instante. En unos minutos me había puesto algo de ropa y estaba bajando a la calle. Allí ya estaba él, esperándome, con una sonrisa que iba de oreja a oreja. Nos dimos dos besos, pero ¡qué dos besos!
Pueden imaginarse que a ese le sucedieron otros intensos encuentros, a pesar de la distancia, pues vivíamos a más de 200 kilómetros, nos veíamos todas las semanas y hablábamos casi a diario. Él viajaba constantemente por su trabajo y yo seguía atareada con la empresa, así fueron pasando los primeros años. Nos fuimos integrando con los amigos de la otra parte y las familias acogieron muy bien la relación. A los tres años decidimos irnos a vivir juntos, no sin algún que otro problema, porque alguno de los dos tenía que cambiar de trabajo para poder llevarlo a cabo. Finalmente consiguió que su misma empresa le permitiera trabajar desde mi ciudad y de esta forma buscamos casa para compartir nuestras vidas. El comienzo de la convivencia fue bueno, como nuestros primeros viajes, nuestras primeras navidades juntos. Al principio conseguíamos ponernos de acuerdo y apenas había una palabra más alta que otra. Él continuaba viajando por su trabajo y aprovechábamos el tiempo que pasaba en casa para relajarnos, conversar y salir con los amigos. A los años, influidos tal vez por la familia, la edad, no sé por qué, decidimos casarnos y poco a poco fuimos organizando una boda que nunca me terminó de gustar. Demasiados familiares, conocidos, hasta gente que no había visto en mi vida. Llegó el día, lo disfrutamos y volvimos a casa exhaustos.
Superado ese trámite la convivencia fue cambiando, volvía distante de los viajes y apenas le apetecía que saliéramos juntos. Pasábamos el tiempo en casa, cada uno por su lado y las conversaciones muchas veces acababan en reproches. La tristeza me iba invadiendo, por las noches sentía su cuerpo distante y las relaciones sexuales muchas veces quedaban sólo en eso, sexuales, faltaba el cariño, la pasión de antaño. Hacía cómplice de mis dudas y desvelos a alguna amiga, pero no quería hacer caso a sus consejos, me negaba a pensar mal de él y pensaba que alguna preocupación del trabajo era la causante de nuestra distancia. Hoy, sin embargo, todo lo que no había querido ver se ponía frente a mis ojos, acababa de descubrir que Alberto llevaba casi dos años con otra mujer, el tiempo que llevábamos casados.
Cuando vi esas llamadas de teléfono y ese número que tanto se repetía comencé a investigar, llamé a algunos compañeros de trabajo y a su jefe para preguntarle por sus viajes, por el trabajo, me confirmaron que Alberto hacía bastante tiempo que no tenía que viajar tanto, había ascendido y ahora podía llevar el trabajo desde el propio ordenador de casa. Una de nuestras amigas, que conocía a Alberto desde hacía muchos años, me comentó en una ocasión algo que en aquel momento no entendí y por eso decidí llamarla y contrastar con ella mis interrogantes. Al principio quiso ser prudente, pero no pudo callar por más tiempo sus fundadas sospechas, en una ocasión pilló a Alberto saliendo de una discoteca con una chica en actitud más que sospechosa, fue atando cabos hasta que descubrió que su amigo no era tan sincero como ella pensaba. Me ayudó a descubrir quién era la chica, conseguimos su número de teléfono, que era el de las facturas, su dirección y hasta pude verla en alguna ocasión.
Durante un tiempo actué con Alberto como si nada, quería tener las cosas claras antes de soltarle toda la verdad. Me costaba reprimir mi dolor, lloraba a escondidas, por las noches me volvía en la cama para evitar estar cerca de él. Una mañana, cuando todo estaba más claro que el agua, me levanté antes que él, fui a hacerme un café y cuando iba a darse una ducha lo llamé desde la cocina. Al verme empapada en lágrimas y con la cara desencajada se quedó frío, como fría me había quedado yo aquel día. Me preguntó qué me pasaba y entonces fui enumerándole todos mis descubrimientos a los que él, en lugar de negarlos, acompañó con un profundo silencio. Quería separarme, poner distancia a ese dolor y olvidar a esa persona que me estaba haciendo tanto daño. Él se negaba, no quería romper lo nuestro, pero estaba claro que así no podíamos seguir. Me ofreció la opción de ir a terapia, era la única forma de que yo pudiera volver a confiar en él y de que aquello que un día fue una relación idílica, volviera a serlo.
Desde entonces han pasado varias semanas y sigo muy distante, pero comenzamos a ir a terapia de pareja, dejándome llevar, tal vez, por lo mucho que le quiero. Por el momento dormimos en camas separadas y no he querido volver a acostarme con él, aunque siempre he deseado mucho el contacto físico con su cuerpo. Pasa más tiempo en casa y apenas viaja, dando fe de que puede trabajar desde su propio ordenador. Ha hablado con la chica con la que me era infiel y ha puesto las cosas claras, han dejado de verse. Alberto nunca ha sido una mala persona, tiene multitud de amigos y sus compañeros y clientes le aprecian muchísimo, a mi  me enamoró locamente aquella noche y durante años hemos disfrutado juntos. Es cierto que en los últimos tiempos la cosa había cambiado y esta infidelidad ha sido una gran traición, es lo último que me esperaba de él. Hemos vuelvo a almorzar juntos, salimos a pasear cuando los ánimos me lo permiten y ha vuelto a confiarme sus pensamientos más íntimos. No sé qué pasará con nosotros, no sé si podré olvidar y si volveremos a ser cómplices. La verdad es que las sesiones me están ayudando mucho y creo que a él también, es cierto que en las relaciones acaban descuidándose cosas muy importantes y a veces no sabe uno con quién está viviendo realmente. Si hablamos dentro de un tiempo ya les contaré, por el momento le he dado una oportunidad a nuestra vida juntos. Si esto se rompe reconozco que también podré seguir adelante.